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CONÓZCANLO



-CAPITULO III

10:1 De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, el tal es ladrón y salteador.

10:2 Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

10:3 A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las conduce afuera.

10:4 Y cuando ha sacado sus propias ovejas, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

10:5 Mas al extraño no seguirán, sino que huirán de él; porque no conocen la voz de los extraños. (Juan 10:1-5)


CONOCEN MI VOZ (Juan 10:4)¿Conoces la voz de Dios? Es triste decirlo, pero hay cristianos que no la conocen; consecuentemente, dependen de los que dicen conocerlo. Hace muchos años atrás, un señor llamado Jim Jones llevó un grupo de personas a la isla de Guyana y los convenció de envenenarse. Si estas personas hubieran conocido la voz de Dios personalmente, no habrían seguido a ese fanático, malvado y confuso. Conocer la voz de Dios es requisito de todos los creyentes, no solo del profeta, apóstol o pastor. Hermanos, precisamos de la voz de Dios en todas las áreas de nuestras vidas porque, por sí solos, no sabemos cómo proceder. Por ejemplo, ¿Qué hacer en los conflictos familiares, laborales, educativos o sentimentales? Es probable que ahora mismo usted tenga algún asunto no resuelto en alguna área de su vida y necesite oír la voz de Dios. Pero solo podemos conocer la voz de Dios pasando tiempo a solas con Él.


Muchas veces cometemos el error de reclamar a Dios su supuesto silencio: “háblame”, le decimos. Pero ¿de qué sirve que nos hable si no conocemos su voz? ¿Y de qué nos sirve que Dios no sea como los ídolos que tienen boca pero no hablan, si no conocemos su voz? Jesús nos enseña a orar “hágase tu voluntad”, pero ¿Cómo podemos conocer su voluntad si no conocemos su voz? ¿Y cómo conoceremos su voz si no pasamos tiempo a solas con Él?

Repito, no podemos conocer su voz si solo lo buscamos de vez en cuando o solo para pedirle favores. Hay que buscarlo para conocerlo. Algunos de ustedes solo lo buscan cuando sienten que lo necesitan: cuando descubren una enfermedad, conflictos familiares, necesitan dinero, etc. De los miles de millones de personas que están orando este día, la gran mayoría lo hacen para que les resuelva. Eso es válido, pero no debemos olvidar buscarle para conocerlo más. Así que conoceremos su voz en la medida que pasemos tiempo con Él.


Otra forma de conocer la voz de Dios es por el contenido de la conversación. Si la voz te habla de la necesidad de la humildad, es la voz de Dios. Si te habla de la honestidad, es la voz de Dios. Y si te habla del arrepentimiento, es la voz de Dios. Pero si la voz te motiva a la venganza, envidia, codicia o cosas semejantes, no es la voz de Dios.

¿Saben lo que vino a traer Jesús? Según Juan 3:16, vino a traer VIDA ETERNA:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.”

Vida eterna es la vida más elevada que podemos tener aquí y en la eternidad. ¿Qué es la vida eterna? Según Juan 17:3:

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.”

La VIDA ETERNA se obtiene mediante el conocimiento de Dios, que viene a través de la intimidad con Él. La esencia del cristianismo es conocer a Dios, por eso Jesús lo mencionó en la última oración que hizo por sus discípulos. La vida eterna es más que el cielo, textos bíblicos o prácticas religiosas; es conocimiento de Él, y ese conocimiento nos guiará a todas las otras cosas mencionadas.

Es importante enfatizar la necesidad de conocer a Dios, porque, a pesar de que hablamos mucho de Él, poco lo conocemos. Por lo general, la gente confunde el conocimiento de Dios con ciertas experiencias. Por ejemplo, si alguien opera en lo milagroso, lo catalogamos como un conocedor de Dios. A veces identificamos a Dios con un cierto sentir, pero la Biblia no dice nada acerca de “sentirlo”, sino conocerlo. La razón por la que las vírgenes insensatas no entraron a la boda no fue solo por insensatas, sino por no conocer a Dios, según Mateo 25:11-12:

“Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Pero Él, respondiendo, dijo: De cierto os digo: No os conozco.”

En este relato el asunto se trata de QUIÉN ENTRARÁ A LA GLORIA. En la actualidad no se habla mucho de la gloria, pero debemos hacerlo porque existe. Es un lugar preparado para todos aquellos que han aceptado a Jesucristo y agradan a Dios. Para aclarar el asunto de quién va a entrar a la gloria, Jesús dice que en el día final muchos estarán pensando que deben entrar porque profetizaron verdades, sanaron enfermos, sacaron demonios e hicieron otros milagros en el nombre de Jesús. Pero Él les dirá: “apartaos de mí, NO LOS CONOZCO”. Con eso aclaro que seremos admitidos a la gloria según nuestro conocimiento de Dios, no por las profecías, señales ni milagros. ¿Entonces quién entrará? Los que hacen la voluntad del Padre (Mateo 7:21):

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.”

¿Y cuál es la voluntad del Padre? Que le conozcamos (Mateo 7:23):

“Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.”

¿CÓMO SE CONOCE? La mejor manera de conocerlo es pasando tiempo con Él en intimidad. Me parece que Jesús diría lo mismo de muchos en la actualidad si hoy o mañana fuera el día final, porque igual que los contemporáneos de Jesús, ponemos más énfasis en las profecías, sanidades y liberaciones que en conocer a Dios. Por eso muchos van de lugar en lugar buscando profecías, señales y milagros, pero, según Jesús, estas cosas pueden estar presentes sin que la gente siquiera lo conozca.

Mi corazón desfallece dentro de mí cuando oigo rumores de adulterio en el liderazgo de la iglesia, fornicación en servidores, engaño en matrimonios, etc., y mi oración desesperada es: “Señor, que te conozcan”. La falta de conocimiento de Dios es la razón de nuestra debilidad ante el enemigo. Cuando no se conoce a Dios íntimamente, una persona puede profetizar en la iglesia y salir a enamorar a la mujer ajena. Puede experimentar una sanidad en la iglesia y salir a ver pornografía, o servir en la iglesia y salir a fornicar por dinero. La falta de intimidad con Dios debilita ante las embestidas del enemigo.

LA VOLUNTAD DE DIOS ES QUE LE CONOZCAMOS. No es que conozcamos a la iglesia, las reglas o la cultura, sino a Él. Es una verdadera lástima que pasamos más tiempo conociendo a las personas y cosas que a Dios. Pasamos horas hablando unos con otros, horas familiarizándonos con el celular o la tele, y solo minutos conociendo a Dios, cuando en realidad debería ser lo contrario. Cuando nuestras decisiones y acciones fluyen de nuestra intimidad con Dios, tendremos más éxito en lo que hacemos y aseguraremos un lugar en la gloria cuando muramos.

Mateo 7:21-23

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.

Estos versículos no fueron escritos para condenarnos, sino para motivarnos a poner la diligencia necesaria en conocer a Dios mediante el tiempo que pasamos con Él en la intimidad. No podremos hacer grandes cosas para Dios antes de haber estado con Él. En la medida que le conozcamos, conoceremos su perfecta voluntad para nuestras vidas.

CONOCER AL SEÑOR ES UN PRIVILEGIO Hubo un tiempo cuando solo ciertas personas podían conocer a Dios (Jeremías 31:33-34):

“Mas éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en sus entrañas, y la escribiré en sus corazones; y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.”

Jeremías explica que la gran diferencia de pactos está en que, en el primer pacto hecho con Moisés, Dios solo hablaba y se dejaba conocer íntimamente con personas especiales como los profetas. Dios hablaba a la gente a través de su profeta del momento. Pero el pacto nuevo que vino con Jesús ya no se limita a ciertas personas, sino que cada uno puede y debe conocerlo personalmente. Cuando usted y yo esperamos que Dios nos hable por medio de otro, estamos operando bajo el antiguo pacto. Pero cuando lo buscamos para que nos hable personalmente en intimidad, operamos bajo el nuevo pacto, que es mejor.


Nos vemos en un próximo capitulo.

Att. Pastor Donnie Allen

 
 
 

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